una adolescente de 16 años, rubia y de ojos azules, desnuda, pálida y hermosa como una santa, a quien habían cortado en pedazos con una motosierra, luego de pegarle un tiro en la frente. Pedro, su jefe Homero, los ingenieros del IDU y los obreros que los acompañaban quedaron notificados. Para ellos se trataba de una amenaza de las temibles mafias de la zona, inconformes por las obras que desde el 3 de julio de 1999 estaban borrando de la faz de la tierra, a pico y pala, la Calle del Cartucho para darle vida al Parque Tercer Mileno. El Cartucho era entonces un lugar heterogéneo de comerciantes, tenderos, recicladores, repuesteros y gente honesta, pero además de vicio y muerte. Apartamenteros, sicarios, ñeros, putas, vagabundos, proxenetas y expendedores de bazuco y marihuana se establecieron en ese céntrico lugar a sangre y fuego, 30 años atrás, en los terrenos del antiguo Barrio Santa Inés, que era un conjunto de casas grandes, majestuosas, con parques, iglesias y almacenes en donde hasta comienzos del siglo XX los apellidos más linajudos y resonantes se pronunciaban con respeto.







